Monday, May 29, 2006

Indefiniciones

Hay momentos de la vida en que la claridad desaparece y la confusión hace gala de su presencia, como una ceniza que se deshace antes de esparcirla, como una semilla que se pisa inadvertidamente, como una pluma que cae lentamente, sin una mano que la retenga.
El paso del tiempo viaja a nuestro encuentro, pero no siempre con las respuestas a todas las preguntas y, muchas veces, sin la luz que encienda el corazón y socave las vacilaciones existenciales. Junto a aquél, y en el espacio de la vida, se abrazan las luces y las sombras, se estrechan y reúnen como hermanas separadas por una larga distancia, enfocadas hacia sus propias verdades.
Las sombras son los huéspedes que no quisiéramos recibir. Se convierten en visitas oscuras que no son bienvenidas. Por eso mismo, cuando entran en nuestro hogar íntimo, conviene aprender a tener la habilidad de ser descorteses con ellas, para que su presencia dure lo menos posible.
De lo contrario, ni siquiera decidir será fácil, puesto que el individuo, con el ánimo afectado, se dispersará en un abanico de malos deseos del corazón. Madurar, en cambio, consiste en ir descartando opciones que quizás nunca fueron reales y modificando rumbos existenciales que no han sido fecundos.

RODERICUS

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