Thursday, December 28, 2006

No en sus zapatos

Esta editorial fue publicada el martes 26 de diciembre en el Diario El Mercurio. L averdad es que cuando la leí me hizo gracia, la consideré aguda, pero dados los últimos acontecimientos estoy clara que en los únicos zapatos en los cuales no me gustaría estar es el de los que se quedan callados ante tanta inmundicia que antes se llamaba política.

No en sus zapatos
por Eugenio Tironi

Si a la Concertación le ha ido mal en los últimos meses, a la Alianza le ha ido peor. Ahí están las encuestas para probarlo.

Nadie quisiera, hoy por hoy, estar en los zapatos de un político de la Concertación, en medio de acusaciones de corrupción y desvío indebido de recursos fiscales en el pasado reciente. Leer cada día en los periódicos nuevos casos, con detalles más escabrosos y con testimonios más insospechados, debe ser una desgracia. Pero esto no puede hacer creer que sea más fácil estar en los zapatos de la oposición. El hecho objetivo es que si a la Concertación le ha ido mal en los últimos meses, a la Alianza le ha ido peor. Ahí están las encuestas para probarlo.

¿Qué hacer ahora, ante los hechos que han puesto a la corrupción en el centro de la agenda? Para la oposición, esto ofrece el mejor argumento imaginable para la alternancia, que es la oferta que desde hace bastante tiempo viene tratando de vender sin mucho éxito. Pero el estallido de la corrupción la pilló a destiempo. En los ritmos propios de la política, aún falta una eternidad para las próximas elecciones. ¿Cómo llenar los tres años que aún restan para el inicio de la campaña presidencial? ¿Mantener hasta entonces esta espiral frenética de denuncias, para acosar y colocar a la defensiva al Gobierno y a la Concertación, aun a riesgo de provocar un clima de crispación política en el país? ¿O mejor allanarse (como en 2003) a buscar una salida negociada, que permita dar un salto en la modernización del Estado, proyectando con ello una imagen de responsabilidad y de sentido de gobierno? ¿Halcones o palomas?

¿Qué será lo más rentable desde el punto de vista electoral.Los halcones dirán que mantenerse duros asegura la mística de las huestes opositoras -tan irritadas, por lo demás, ante la atmósfera que rodeó a la muerte de Augusto Pinochet, de la que culpan al Gobierno y a la Concertación-. Dirán, también, que "avanzar sin transar" en la batalla contra la corrupción hará estallar la base moral en que reposa la credibilidad del adversario. Si esto conduce a un clima político interno enrarecido, a una desvalorización de los activos de imagen que tiene Chile en el plano internacional y a un deterioro del clima de confianza en que se basan el consumo y los negocios, la ciudadanía pasará la factura a la Concertación y al Gobierno, no a la oposición.

Las palomas piensan distinto. Dirán que ésta es una oportunidad para alcanzar un acuerdo que muestre a una oposición constructiva, capaz de ofrecer aquello de lo que siempre ha carecido a los ojos del electorado de centro: capacidad de dar gobernabilidad democrática. Agregarán también que si, a raíz de una espiral interminable de denuncias cada vez más vociferantes, el ambiente se deteriora hasta el punto de que el sistema político se paralice, y esto afecta incluso la recuperación económica, la oposición podría súbitamente quedar situada en el banquillo de los acusados, y la Concertación en el de las víctimas. También está el peligro de que la gente, simplemente, se aburra de un tema que ya no sorprende, pues comienza a convertirse en parte del paisaje, y que el Gobierno arrolle a la Alianza mediante iniciativas de gran calado y de alto interés popular, como la reforma previsional.

La conducta que la Alianza asuma hoy definirá sus posibilidades en las próximas contiendas electorales. Los halcones seguramente invocan al Partido Popular español, que usó la corrupción para desalojar a los socialistas en los años 90, y las palomas deben advertir lo que les pasó en Estados Unidos a los demócratas frente a Reagan, y a los republicanos frente a Clinton, que, de tanto atacarlos, sólo afianzaron su popularidad. Difícil dilema el de la oposición. Es para no estar en sus zapatos.

Fuente: El Mercurio



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